viernes, 21 de diciembre de 2007

Von der Armut des Reichsten

DE LA POBREZA DEL MÁS RICO


Ya hace diez años...
Ninguna gota me ha llegado,
Ningún viento húmedo, ningún rocío de amor
-una tierra sin lluvias-
A mi sabiduría ruego ahora
que no se vuelva mezquina en esta
aridez:
¡derrámate, destila tu propio rocío,
sé lluvia para el amarillento
yermo!

Antaño mandé a las nubes
que se alejaran de mis montañas
antaño dije ¡más luz, sombrías!
Hoy las seduzco para que vengan:
¡dad sombra en torno mío con
vuestras ubres!
¡quiero ordeñaros,
vacas de alturas!
Sabiduría como cálida leche, dulce
rocío de amor
derramo sobre la tierra.
¡Fuera, fuera, verdades,
que miráis lóbregamente!
No quiero ver sobre mis montañas
amargas verdades impacientes.
Dorada por la sonrisa
se me acerca hoy la verdad
endulzada por el sol, morena de
amor;
del árbol sólo arranco una verdad
madura.

Hoy tiendo la mano
Hacia los seductores bucles del
azar,
suficientemente astuto
para engañar, guiar al azar como a
un niño

Hoy quiero ser hospitalario
con lo inoportuno,
incluso con el destino no quiero
ser punzante;
Zaratustra no es un erizo.
Mi alma,
insaciable con su lengua,
ya ha lamido todas las cosas
buenas y malas,
se ha zambullido en toda
profundidad
Pero siempre, como el corcho,
siempre vuelve a flote,
revolotea tornasolada como aceite
sobre pardos mares:
por este alma me llaman el
dichoso.

¿Quiénes me son padre y madre?
¿No es mi padre el príncipe
exuberancia
y mi madre la risa callada?
¿No me engendró la coyunda de
ambos
a mí, animal de enigmas,
a mí, monstruo de luz,
a mí, pródigo de toda sabiduría,
Zaratustra?

Enfermo hoy de ternura,
un viento de deshielo,
Zaratustra aguarda sentado,
aguarda sobre sus montañas;
cocido y dulcificado
en su propio jugo,
bajo su cima,
bajo su hielo,
cansado y venturoso,
un creador en su séptimo día.

¡Silencio!
Una verdad camina sobre mí
como una nube;
con invisibles rayos me alcanza.
Por amplias, lentas escaleras
llega su felicidad hasta mí:
¡ven, ven, amada verdad!
¡Silencio!
¡Es mi verdad!
Desde ojos vacilantes,
desde escalofríos de terciopelo
me llega su mirada,
encantadora, malvada, un mirada
de muchacha...
Descubrió la base de mi felicidad
me descubrió -ay ¿qué
maquina?-
Un dragón acecha purpúreo
en el abismo de su mirada
de muchacha.

¡Silencio! ¡Habla mi verdad!
¡Ay de ti, Zaratustra!
Te pareces a uno
que ha tragado oro:
¡aún te van a abrir el vientre!...
¡Eres demasiado rico,
tú, corruptor de muchos!
A demasiados vuelves envidiosos,
a demasiados vuelves pobres...
A mí mismo me arroja sombra tu
luz;
tirito: ¡vete rico!
¡vete, Zaratustra, vete de tu sol!...
Quisieras dar, donar tu
experiencia,
pero tú mismo eres el más
exuberante,
¡Sé juicioso, rico!
¡Primero regálate a ti mismo,
Zaratustra!

Ya hace diez años...
¿y ninguna gota te ha llegado?
¿Ningún viento húmedo? ¿ningún
rocío de amor?
¿Pero es que alguien habría de
amarte,
a ti, ubérrimo?
Tu felicidad crea sequedad en
derredor,
crea pobreza de amor
-una tierra sin lluvias-

Ya nadie te está agradecido,
pero agradeces a aquel
que coge de ti:
en eso te reconozco,
ubérrimo,
¡el más pobre de todos los ricos!
Te ofrendas, te tortura tu riqueza,
te entregas,
no te cuidas, no te amas;
la gran tortura te fuerza siempre,
la tortura de los graneros repletos,
de un corazón repleto;
pero ya nadie te está agradecido

Tienes que volverte más pobre,
sabio nesciente,
Sólo se ama a los dolientes,
sólo se ama al hambriento
¡primero regalate a ti mismo,
Zaratustra!

Yo soy tu verdad...

Friedrich Nietzsche
Trad. L. Pérez Latorre