jueves, 27 de diciembre de 2007

Mia Saurina.

Quiero dedicar este espacio para que conozcan esta persona.
Ella es hermosa.
No hay muchas palabras que le pueda dedicar, pues ella las conoce todas.
Si te interesa su trabajo.
http://www.fotolog.com/wicks
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El Arte.

La poesía.


La poesía es una expresión artística ya que es una destreza de un individuo en manifestación, única e irrepetible, personal; se puede apreciar y los versos que las mismas contiene es la verdad de los mas profundos pensamientos por el camino mas censillo.
Va encabezado por una noción abstracta, fruto del concepto del ser humano, de su obra y de la naturaleza, sin embargo es atemporal por que el observador de la obra la interpreta según su sistema de valores.
¿Quién tiene la verdad en su mano para definir arte y por que algo lo es? El mundo entero es una obra de arte, una intención. Puede que sea algo estético, místico, simbólico, creativo o simplemente imaginación, siempre y cuando el sentimiento prevalezca, como exclama Bécquer en Rima IV: “Mientras el corazón y la cabeza batallando prosigan, mientras halla esperanzas y recuerdos ¡Habrá poesía!
Aunque desde la antigüedad la poesía no era reconocido como arte –era vista como filosofía y profecía- hasta la modernidad posterior, fue siempre el espíritu plasmado en celuloide, es destreza, belleza y pasión; nace de la esencia del alma y de las entrañas, de lo empírico. Realiza vínculos entre el escritor con el lector por que representa cosas existententes, construye otras que no existían, trata de tópicos externos del hombre mostrando su visión interior, estimula a el artista pero también al receptor, al ultimo le aporta satisfacción, emoción, provocación, impresión o producción de un choque ya que el arte es una actividad humana consistente.
Lo que más admiro, es que la misma humanidad que mata y destruye es la que produce actos y creaciones tan bellas, con tanta imaginación que es en su redundancia, el arte.

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Definitivamente, no hay religión más elevada que la verdad.

¿No es siempre un símbolo para quien sabe distinguir, una revelación más o menos clara, o confusa, de lo semejante a Dios?... Al través de
todas las cosas... brilla débilmente algo de la Idea Divina. Más aún: la enseña más elevada que han encontrado jamás los hombres y que han abrazado, la cruz misma, no posee significación alguna, salvo una accidental y extrínseca.

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Calumnia humana, absurdo el mundo en su experiencia; las sales del agua, el manuscrito deja fe en la trayectoria.
Cuantas personas han muerto por causas nobles y dignas, juramentos de amor, esquizofrenias nerviosas.
Cuantos suicidas caminan rendidos sin vida,
venden sus ojos para no ver más guerra,
regalan su olfato cansados de la peste, oler rancio y podredumbre,
homicidio a sus oídos por que yacen hartos de escuchar los gritos del olvido.

Tanto placer termina, ¿Que queda?
Mas que espacios vacíos y migajas por encima de la mesa…

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Donde se refugian los transeúntes, aquellos arbitrarios somnolientos y toda alma en pena que puede sentir el respirar. Érase en su fortaleza, tan abrupta como intransigente, tan magnánima como aviesa, aquel oxido revistiendo sus calles, los templo y todo aquello en manifiesto; la cuidad.
Suntuosa entre grandes construcciones, tiesa en recintos, numerosos arrabales e inmensas edificaciones apostadas en gloria; todas anexas al oxido putrefacto que carcome su esencia de luvia. Perspicaz entre gamas opacas, degrades luctuosos y tintes desgastados por zurruscos voluptuosos. En el punto cenit, dicta un reloj la hora pico, grandes agujas que postran con lentitud el tiempo a designar, junto a aquellas insignias romanas que son estela propia de la historia natal.
Yace en el norte, el lóbrego cementerio exento de lapidas y tumbas por profanar, las crucifixiones son apogeo nupcial de las vidas culposas de zutanejos que vivieron pero sin poder luchar. Sus habitantes se regocijan entre el precursor destino venidero de una eternidad no empírica pero resignada al hoto.
Un hombre, ojos pardos, cara pálida, cabello oscuro y largo, caminante de rupturas y grietas de tierra, libre de físicos ofuscamientos, en el intento de huir del el compás urbano, hojea un antaño libro, cortando sus dedos con el sabor las paginas dolientes entabladas prosaicamente de enhilamientos añejos, sangra en su acción, despertando así a la muerte inherente, que con un abrazo desgarrador hurta el ser condescendido. Él es propiamente crucificado, ya que en un porvenir liga un fin seguro. Extinguiendo la raza y dando paso a un incierto afán de supervivencia enculturada y dadivosa. Los astros reinan desnudos mostrando al fin, todo su esplendor.

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Anatomía.

Si pudiera elegir ser parte de ser,
seria tus lágrimas.

Por que son concebidas en tu corazón,
se convocan en tus ojos,
rozan tus mejillas,
y desembocan en tu boca.