jueves, 27 de diciembre de 2007

Mia Saurina.

Quiero dedicar este espacio para que conozcan esta persona.
Ella es hermosa.
No hay muchas palabras que le pueda dedicar, pues ella las conoce todas.
Si te interesa su trabajo.
http://www.fotolog.com/wicks
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El Arte.

La poesía.


La poesía es una expresión artística ya que es una destreza de un individuo en manifestación, única e irrepetible, personal; se puede apreciar y los versos que las mismas contiene es la verdad de los mas profundos pensamientos por el camino mas censillo.
Va encabezado por una noción abstracta, fruto del concepto del ser humano, de su obra y de la naturaleza, sin embargo es atemporal por que el observador de la obra la interpreta según su sistema de valores.
¿Quién tiene la verdad en su mano para definir arte y por que algo lo es? El mundo entero es una obra de arte, una intención. Puede que sea algo estético, místico, simbólico, creativo o simplemente imaginación, siempre y cuando el sentimiento prevalezca, como exclama Bécquer en Rima IV: “Mientras el corazón y la cabeza batallando prosigan, mientras halla esperanzas y recuerdos ¡Habrá poesía!
Aunque desde la antigüedad la poesía no era reconocido como arte –era vista como filosofía y profecía- hasta la modernidad posterior, fue siempre el espíritu plasmado en celuloide, es destreza, belleza y pasión; nace de la esencia del alma y de las entrañas, de lo empírico. Realiza vínculos entre el escritor con el lector por que representa cosas existententes, construye otras que no existían, trata de tópicos externos del hombre mostrando su visión interior, estimula a el artista pero también al receptor, al ultimo le aporta satisfacción, emoción, provocación, impresión o producción de un choque ya que el arte es una actividad humana consistente.
Lo que más admiro, es que la misma humanidad que mata y destruye es la que produce actos y creaciones tan bellas, con tanta imaginación que es en su redundancia, el arte.

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Definitivamente, no hay religión más elevada que la verdad.

¿No es siempre un símbolo para quien sabe distinguir, una revelación más o menos clara, o confusa, de lo semejante a Dios?... Al través de
todas las cosas... brilla débilmente algo de la Idea Divina. Más aún: la enseña más elevada que han encontrado jamás los hombres y que han abrazado, la cruz misma, no posee significación alguna, salvo una accidental y extrínseca.

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Calumnia humana, absurdo el mundo en su experiencia; las sales del agua, el manuscrito deja fe en la trayectoria.
Cuantas personas han muerto por causas nobles y dignas, juramentos de amor, esquizofrenias nerviosas.
Cuantos suicidas caminan rendidos sin vida,
venden sus ojos para no ver más guerra,
regalan su olfato cansados de la peste, oler rancio y podredumbre,
homicidio a sus oídos por que yacen hartos de escuchar los gritos del olvido.

Tanto placer termina, ¿Que queda?
Mas que espacios vacíos y migajas por encima de la mesa…

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Donde se refugian los transeúntes, aquellos arbitrarios somnolientos y toda alma en pena que puede sentir el respirar. Érase en su fortaleza, tan abrupta como intransigente, tan magnánima como aviesa, aquel oxido revistiendo sus calles, los templo y todo aquello en manifiesto; la cuidad.
Suntuosa entre grandes construcciones, tiesa en recintos, numerosos arrabales e inmensas edificaciones apostadas en gloria; todas anexas al oxido putrefacto que carcome su esencia de luvia. Perspicaz entre gamas opacas, degrades luctuosos y tintes desgastados por zurruscos voluptuosos. En el punto cenit, dicta un reloj la hora pico, grandes agujas que postran con lentitud el tiempo a designar, junto a aquellas insignias romanas que son estela propia de la historia natal.
Yace en el norte, el lóbrego cementerio exento de lapidas y tumbas por profanar, las crucifixiones son apogeo nupcial de las vidas culposas de zutanejos que vivieron pero sin poder luchar. Sus habitantes se regocijan entre el precursor destino venidero de una eternidad no empírica pero resignada al hoto.
Un hombre, ojos pardos, cara pálida, cabello oscuro y largo, caminante de rupturas y grietas de tierra, libre de físicos ofuscamientos, en el intento de huir del el compás urbano, hojea un antaño libro, cortando sus dedos con el sabor las paginas dolientes entabladas prosaicamente de enhilamientos añejos, sangra en su acción, despertando así a la muerte inherente, que con un abrazo desgarrador hurta el ser condescendido. Él es propiamente crucificado, ya que en un porvenir liga un fin seguro. Extinguiendo la raza y dando paso a un incierto afán de supervivencia enculturada y dadivosa. Los astros reinan desnudos mostrando al fin, todo su esplendor.

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Anatomía.

Si pudiera elegir ser parte de ser,
seria tus lágrimas.

Por que son concebidas en tu corazón,
se convocan en tus ojos,
rozan tus mejillas,
y desembocan en tu boca.

Green Day - Transmissions 2007

Espero que no sea mas mierda, yo prefiero la epoca Basket Case


409 In Your Coffee Maker
Welcome To Paradise
2,000 Light Years Away
The Judge's Daughter
Christy Road
Only Of You
Who Wrote Holden Caufield?
Going To Pasalacqua
Paper Lanterns
One Of My Lies
Country Hoedown AKA Dominated Love Slave
F.O.D
Words I Might Have Ate
Chump (Live)
Longview (Live)
Basket Case (Live)
When I Come Around (Live)
Burnout (Live)

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Instrucciones para abrir.
1)instroduzca el Password : www.shareleecher.com

Pink Floyd - The Piper At The Gates Of Dawn 2007




Tras sus cada vez más populares actuaciones en el club UFO, la por entonces desconocida banda de estudiantes inquietos por la música llamada Pink Floyd decidió que ya era hora de meterse al estudio, y bajo la batuta artística del incomparable Syd Barrett, se lanzó un álbum determinante en la historia del rock psicodélico. El próximo 5 de Agosto se cumplen cuarenta años del lanzamiento de The Piper at the Gates of Dawn, el debut de una de las bandas de rock más importantes de la historia de la música, y EMI ha decidido que es una buena excusa para rentabilizarlo celebrarlo.

Así pues, el 28 de Agosto en América, y el 3 de Septiembre en Europa, será publicada una completa reedición del clásico que sin duda promete convertirse en un objeto de coleccionismo imprescindible para todos los seguidores de la banda. El pack incluirá tres discos: los dos primeros serán las versiones mono y estéreo del disco, remasterizadas por el ingeniero James Guthrie, mientras que el tercero será un compendio de bonus tracks que contendrá todos los singles publicados en 1967 y una serie de rarezas inéditas.

Para terminar de redondear el paquete, se incluirá un libreto de doce páginas en el que se reproducen anotaciones del difunto Barrett. Otras celebraciones destinadas a conmemorar este cuadragésimo aniversario serán anunciadas próximamente, aunque por el momento hacerse con este regalito se antoja bastante interesante.

Lista de Temas :

1. Arnold Layne 2:55
2. Candy And A Currant Bun 2:45
3. See Emily Play 2:54
4. Apples And Oranges 3:05
5. Paintbox 3:45
6. Interstellar Overdrive (Take 2) (French Edit) 5:15
7. Apples And Oranges (Stereo Version) 3:11
8. Matilda Mother (Alternative Version) 3:09
9. Interstellar Overdrive (Take 6) 5:03

Link de descarga.
http://lix.in/88aba8
http://lix.in/68baec

Instrucciones para abrir:
1) Abrir con WinRar o cambia la extension a .rar
2) Use the Password : www.lemonshare.net

El Cuervo - The Raven


Cierta noche aciaga, cuando, con la mente cansada,
meditaba sobre varios libracos de sabiduría ancestral
y asentía, adormecido, de pronto se oyó un rasguido,
como si alguien muy suavemente llamara a mi portal.
"Es un visitante -me dije-, que está llamando al portal;
sólo eso y nada más."

¡Ah, recuerdo tan claramente aquel desolado diciembre!
Cada chispa resplandeciente dejaba un rastro espectral.
Yo esperaba ansioso el alba, pues no había hallado calma
en mis libros, ni consuelo a la perdida abismal
de aquella a quien los ángeles Leonor podrán llamar
y aquí nadie nombrará.

Cada crujido de las cortinas purpúreas y cetrinas
me embargaba de dañinas dudas y mi sobresalto era tal
que, para calmar mi angustia repetí con voz mustia:
"No es sino un visitante que ha llegado a mi portal;
un tardío visitante esperando en mi portal.
Sólo eso y nada más".

Mas de pronto me animé y sin vacilación hablé:
"Caballero -dije-, o señora, me tendréis que disculpar
pues estaba adormecido cuando oí vuestro rasguido
y tan suave había sido vuestro golpe en mi portal
que dudé de haberlo oído...", y abrí de golpe el portal:
sólo sombras, nada más.

La noche miré de lleno, de temor y dudas pleno,
y soñé sueños que nadie osó soñar jamás;
pero en este silencio atroz, superior a toda voz,
sólo se oyó la palabra "Leonor", que yo me atreví a susurrar...
sí, susurré la palabra "Leonor" y un eco la volvió a nombrar.
Sólo eso y nada más.

Aunque mi alma ardía por dentro regresé a mis aposentos
pero pronto aquel rasguido se escuchó más pertinaz.
"Esta vez quien sea que llama ha llamado a mi ventana;
veré pues de qué se trata, que misterio habrá detrás.
Si mi corazón se aplaca lo podré desentrañar.
¡Es el viento y nada más!".

Mas cuando abrí la persiana se coló por la ventana,
agitando el plumaje, un cuervo muy solemne y ancestral.
Sin cumplido o miramiento, sin detenerse un momento,
con aire envarado y grave fue a posarse en mi portal,
en un pálido busto de Palas que hay encima del umbral;
fue, posóse y nada más.

Esta negra y torva ave tocó, con su aire grave,
en sonriente extrañeza mi gris solemnidad.
"Ese penacho rapado -le dije-, no te impide ser
osado, viejo cuervo desterrado de la negrura abisal;
¿cuál es tu tétrico nombre en el abismo infernal?"
Dijo el cuervo: "Nunca más".

Que una ave zarrapastrosa tuviera esa voz virtuosa
sorprendióme aunque el sentido fuera tan poco cabal,
pues acordaréis conmigo que pocos habrán tenido
ocasión de ver posado tal pájaro en su portal.
Ni ave ni bestia alguna en la estatua del portal
que se llamara "Nunca más".

Mas el cuervo, altivo, adusto, no pronunció desde el busto,
como si en ello le fuera el alma, ni una sílaba más.
No movió una sola pluma ni dijo palabra alguna
hasta que al fin musité: "Vi a otros amigos volar;
por la mañana él también, cual mis anhelos, volará".
Dijo entonces :"Nunca más".

Esta certera respuesta dejó mi alma traspuesta;
"Sin duda - dije-, repite lo que ha podido acopiar
del repertorio olvidado de algún amo desgraciado
que en su caída redujo sus canciones a un refrán:
"Nunca, nunca más".

Como el cuervo aún convertía en sonrisa mi porfía
planté una silla mullida frente al ave y el portal;
y hundido en el terciopelo me afané con recelo
en descubrir que quería la funesta ave ancestral
al repetir: "Nunca más".

Esto, sentado, pensaba, aunque sin decir palabra
al ave que ahora quemaba mi pecho con su mirar;
eso y más cosas pensaba, con la cabeza apoyada
sobre el cojín purpúreo que el candil hacía brillar.
¡Sobre aquel cojín purpúreo que ella gustaba de usar,
y ya no usará nunca más!.

Luego el aire se hizo denso, como si ardiera un incienso
mecido por serafines de leve andar musical.
"¡Miserable! -me dije-. ¡Tu Diós estos ángeles dirige
hacia ti con el filtro que a Leonor te hará olvidar!
¡Bebe, bebe el dulce filtro, y a Leonor olvidarás!".
Dijo el cuervo: "Nunca más".

"¡Profeta! -grité-, ser malvado, profeta eres, diablo alado!
¿Del Tentador enviado o acaso una tempestad
trajo tu torvo plumaje hasta este yermo paraje,
a esta morada espectral? ¡Mas te imploro, dime ya,
dime, te imploro, si existe algun bálsamo en Galaad!"
Dijo el cuervo: "Nunca más".

"¡Profeta! -grité-, ser malvado, profeta eres, diablo alado!
Por el Diós que veneramos, por el manto celestial,
dile a este desventurado si en el Edén lejano
a Leonor , ahora entre ángeles, un día podré abrazar".
Dijo el cuervo: "¡Nunca más!".

"¡Diablo alado, no hables más!", dije, dando un paso atrás;
¡Que la tromba te devuelva a la negrura abisal!
¡Ni rastro de tu plumaje en recuerdo de tu ultraje
quiero en mi portal! ¡Deja en paz mi soledad!
¡Quita el pico de mi pecho y tu sombra del portal!"
Dijo el cuervo: "Nunca más".

Y el impávido cuervo osado aun sigue, sigue posado,
en el pálido busto de Palas que hay encima del portal;
y su mirada aguileña es la de un demonio que sueña,
cuya sombra el candil en el suelo proyecta fantasmal;
y mi alma, de esa sombra que allí flota fantasmal,
no se alzará...¡nunca más!.

Version Original

Once upon a midnight dreary, while I pondered, weak and weary,
Over many a quaint and curious volume of forgotten lore,
While I nodded, nearly napping, suddenly there came a tapping,
As of some one gently rapping, rapping at my chamber door.
"'Tis some visitor," I muttered, "tapping at my chamber door,
Only this, and nothing more."

Ah, distinctly I remember it was in the bleak December,
And each separate dying ember wrought its ghost upon the floor.
Eagerly I wished the morrow; vainly I had sought to borrow,
From my books surcease of sorrow, sorrow for the lost Lenore,
For the rare and radiant maiden whom the angels name Lenore,
Nameless here for evermore.

And the silken sad uncertain rustling of each purple curtain
Thrilled me - filled me with fantastic terrors never felt before;
So that now, to still the beating of my heart, I stood repeating,
"'Tis some visitor entreating entrance at my chamber door,
Some late visitor entreating entrance at my chamber door;
This it is, and nothing more."

Presently my soul grew stronger; hesitating then no longer,
"Sir," said I, "or Madam, truly your forgiveness I implore;
But the fact is I was napping, and so gently you came rapping,
And so faintly you came tapping, tapping at my chamber door,
That I scarce was sure I heard you", here I opened wide the door;
Darkness there, and nothing more.

Deep into that darkness peering, long I stood there wondering, fearing,
Doubting, dreaming dreams no mortals ever dared to dream before;
But the silence was unbroken, and the stillness gave no token,
And the only word there spoken was the whispered word, "Lenore!"
This I whispered, and an echo murmured back the word, "Lenore!"
Merely this, and nothing more.

Back into the chamber turning, all my soul within me burning,
Soon again I heard a tapping somewhat louder than before.
"Surely," said I, "surely that is something at my window lattice:
Let me see, then, what thereat is, and this mystery explore,
Let my heart be still a moment and this mystery explore;
'Tis the wind and nothing more."

Open here I flung the shutter, when, with many a flirt and flutter,
In there stepped a stately raven of the saintly days of yore;
Not the least obeisance made he; not a minute stopped or stayed he;
But, with mien of lord or lady, perched above my chamber door,
Perched upon a bust of Pallas just above my chamber door,
Perched, and sat, and nothing more.

Then this ebony bird beguiling my sad fancy into smiling,
By the grave and stern decorum of the countenance it wore.
"Though thy crest be shorn and shaven, thou," I said, "art sure no craven,
Ghastly grim and ancient raven wandering from the Nightly shore,
Tell me what thy lordly name is on the Night's Plutonian shore!"
Quoth the Raven, "Nevermore."

Much I marvelled this ungainly fowl to hear discourse so plainly,
Though its answer little meaning, little relevancy bore;
For we cannot help agreeing that no living human being,
Ever yet was blest with seeing bird above his chamber door,
Bird or beast upon the sculptured bust above his chamber door,
With such name as "Nevermore."

But the raven, sitting lonely on the placid bust, spoke only
That one word, as if his soul in that one word he did outpour.
Nothing further then he uttered; not a feather then he fluttered,
Till I scarcely more than muttered, "other friends have flown before,
On the morrow he will leave me, as my hopes have flown before."
Then the bird said, "Nevermore."

Startled at the stillness broken by reply so aptly spoken,
"Doubtless," said I, "what it utters is its only stock and store,
Caught from some unhappy master whom unmerciful Disaster,
Followed fast and followed faster till his songs one burden bore,
Till the dirges of his Hope that melancholy burden bore,
Of "Never - nevermore."

But the Raven still beguiling all my fancy into smiling,
Straight I wheeled a cushioned seat in front of bird, and bust and door;
Then upon the velvet sinking, I betook myself to linking,
Fancy unto fancy, thinking what this ominous bird of yore,
What this grim, ungainly, ghastly, gaunt and ominous bird of yore,
Meant in croaking "Nevermore."

This I sat engaged in guessing, but no syllable expressing
To the fowl whose fiery eyes now burned into my bosom's core;
This and more I sat divining, with my head at ease reclining,
On the cushion's velvet lining that the lamplight gloated o'er,
But whose velvet violet lining with the lamplight gloating o'er,
She shall press, ah, nevermore!

Then methought the air grew denser, perfumed from an unseen censer
Swung by Seraphim whose footfalls tinkled on the tufted floor.
"Wretch," I cried, "thy God hath lent thee- by these angels he hath sent thee,
Respite - respite and nepenthe, from thy memories of Lenore!
Quaff, oh quaff this kind nepenthe and forget this lost Lenore!"
Quoth the Raven, "Nevermore."

"Prophet!" said I, "thing of evil!- prophet still, if bird or devil!
Whether Tempter sent, or whether tempest tossed thee here ashore,
Desolate yet all undaunted, on this desert land enchanted,
On this home by horror haunted- tell me truly, I implore,
Is there - is there balm in Gilead? - tell me - tell me, I implore!"
Quoth the Raven, "Nevermore."

"Prophet!" said I, "thing of evil - prophet still, if bird or devil!
By that Heaven that bends above us - by that God we both adore,
Tell this soul with sorrow laden if, within the distant Aidenn,
It shall clasp a sainted maiden whom the angels name Lenore,
Clasp a rare and radiant maiden whom the angels name Lenore."
Quoth the Raven, "Nevermore."

"Be that word our sign in parting, bird or fiend," I shrieked, upstarting
"Get thee back into the tempest and the Night's Plutonian shore!
Leave no black plume as a token of that lie thy soul hath spoken!
Leave my loneliness unbroken! - quit the bust above my door!
Take thy beak from out my heart, and take thy form from off my door!"
Quoth the Raven, "Nevermore."

And the Raven, never flitting, still is sitting, still is sitting
On the pallid bust of Pallas just above my chamber door;
And his eyes have all the seeming of a demon's that is dreaming,
And the lamplight o'er him streaming throws his shadow on the floor;
And my soul from out that shadow that lies floating on the floor,
Shall be lifted - nevermore!

Edgar Allan Poe

viernes, 21 de diciembre de 2007

¿Quién es el Zaratustra de Nietzsche?

¿Quién es el Zaratustra de Nietzsche?



Por Martin Heidegger

Traducción de Eustaquio Barjau

Publicada en Conferencias y artículos, Barcelona, Ediciones del Serbal, 1994.



Contestar a esta pregunta parece fácil. Porque encontramos la respuesta en el mismo Nietzsche, en proposiciones claramente formuladas Y además en itálicas. Se encuentran en aquella obra de Nietzsche que presenta de un modo expreso la figura de Zaratustra. El libro consta de cuatro partes, surgió entre los años 1883 y 1885 y lleva el título de Así hablaba Zaratustra.Nietzsche dio a este libro un subtítulo, como compañero de viaje. Dice así: "Un libro para todos y para nadie". "Para todos", es decir, sin duda no para todo el mundo en el sentido de para cualquiera. "Para todos" quiere decir: para todo hombre en tanto que hombre, para cada uno, siempre y en la medida en que en su esencia deviene para sí mismo digno de ser pensado. "... y para nadie", esto quiere decir: para nadie de los curiosos que afluyen en masa de todas partes, que lo único que hacen es emborracharse con fragmentos aislados y con sentencias concretas de este libro y que, a ciegas., van dando tumbos en un lenguaje medio cantarín, medio gritón, ahora meditativo, ahora tempestuoso, a menudo de altos vuelos, pero a veces chato y bidimensional, en vez de ponerse en camino hacia el pensar que está aquí buscando su palabra."Así hablaba Zaratustra. Un libro para todos y para nadie. " De qué modo tan inquietante ha demostrado ser verdad el subtítulo de este libro en los setenta años que han pasado de su aparición... pero exactamente en el sentido contrario. Se convirtió en un libro para todo el mundo, y hasta el momento no se ve ningún pensador que esté a la altura del pensamiento fundamental de este libro ni que sea capaz de medir su procedencia en el alcance que ésta tiene. ¿Quién es Zaratustra? Si leemos con atención el título de esta obra. nos percataremos de una seña: Así hablaba Zaratustra. Zaratustra habla. Es un hablante. ¿De qué tipo? ¿Un orador de masas o incluso tal vez un predicador? No. El que habla, Zaratustra, es un "portavoz" (Fürsprecher: el que habla delante). En este nombre nos encontramos con una palabra muy antigua de la lengua alemana, y además de múltiples significados. "Für" significa Propiamente "vor" (delante), "Fürtuch" es el nombre aún hoy usual en el alemánico para el delantal. El "portavoz" (Fürsprech) habla delante y lleva la voz cantante (lleva la palabra). Pero "für" significa además: en favor de y como justificación. El portavoz (Fürsprecher) es finalmente aquel que explica y aclara aquello de lo que y para lo que habla.Zaratustra es un portavoz en este triple sentido. Pero ¿qué es lo que habla delante (de los demás)? ¿En favor de quién habla? ¿Qué intenta explicar? ¿Es Zaratustra sólo un portavoz cualquiera de cualquier cosa o es el portavoz de lo Uno que siempre, y antes que nada, está interpelando al hombre?Hacia el final de la tercera parte de Así hablaba Zaratustra hay una sección que lleva por título: "El convalescente" (Der Genesende). Éste es Zaratustra. Pero ¿qué significa "der Genesende"? "Genesen" es la misma palabra que el griego iamo¡n, woton Significa: regresar a casa; nostalgia es la morriña, el dolor de hogar. El "Genesende" es el que se recoge para el retorno al hogar, es decir, para entrar en aquello a lo que está destinado. El "convalescente" está en camino hacia sí mismo, de tal modo que puede decir de sí quién es. En el fragmento citado, el convalescente dice:"Yo, Zaratustra, el portavoz de la vida, el portavoz del sufrimiento, el portavoz del círculo ... "Zaratustra habla en favor de la vida, del sufrimiento, del círculo, y esto lo dice delante (lo proclama). Estas tres cosas: "Vida Sufrimiento-Círculo" se pertenecen mutuamente, son una misma cosa. Si fuéramos capaces de pensar correctamente esta Triplicidad como Uno y lo Mismo, estaríamos en situación de presentir de quién es portavoz Zaratustra y quién quisiera ser él como tal portavoz. Bien es verdad que ahora podríamos intervenir con una explicación de brocha gorda, y, de un modo indiscutiblemente correcto, podríamos decir: "Vida" significa en la lengua de Nietzsche: voluntad de poder como rasgo fundamental de todo ente, no sólo del ser humano. Lo que significa "sufrimiento" lo dice Nietzsche con las siguientes palabras: "todo lo que sufre quiere vivir .. " (W W VI, 469), es decir, todo lo que es en el modo de la voluntad de poder. Esto quiere decir: "Las fuerzas configuradoras chocan entre sí" (XVI, 151). "Círculo" es el signo del anillo, cuya curvatura vuelve sobre sí misma y de este modo alcanza siempre el retorno de lo igual.En consecuencia, Zaratustra se presenta a sí mismo como el portavoz de esto: todo ente es voluntad de poder, que, como voluntad creadora que choca, sufre, y de este modo se quiere a si misma en el eterno retorno de lo Igual.Con este enunciado hemos llegado a una definición de Zaratustra, como se dice en el lenguaje de la escuela. Podemos anotar esta definición, grabarla en la memoria y decirla cuando sea necesario. Esto que acabamos de decir podemos ilustrarlo incluso con aquellas proposiciones que en la obra de Nietzsche, subrayadas con itálicas, dicen quién es Zaratustra.En el fragmento citado, "El convalescente" (314) leemos:"¡Tú (es decir, Zaratustra) eres el maestro del eterno retornoY en el prólogo de la obra entera (n. 3) encontramos:" Yo (es decir Zaratustra), os enseño el ultrahombre ".Según estas proposiciones, Zaratustra, el portavoz, es un "maestro". A ojos vista, enseña dos cosas: el eterno retorno de lo Igual y el ultrahombre. Sólo que, de buenas a primeras, no se ve si, y de qué modo, estas dos cosas que enseña se pertenecen mutuamente. Pero aun en el caso de que se aclarara esta conexión, seguiría siendo cuestionable si estamos oyendo al portavoz, si estamos aprendiendo de este maestro. Sin este oír y aprender no sabremos nunca bien quién es Zaratustra. Así que no basta con que nos limitemos a poner unas junto a otras proposiciones de las cuales sale lo que el portavoz y el maestro dice de sí mismo. Tenemos que prestar atención a cómo lo dice y además en qué ocasión y con qué intención. Las palabras decisivas: "Tú eres el maestro del eterno retorno", no las dice Zaratustra desde sí mismo a sí mismo. Se las dicen sus animales. Se las nombra al principio mismo del prólogo de la obra y, de un modo más claro, al final (n. 10). Aquí se dice: "... cuando el sol estuvo en el mediodía, miró (Zaratustra) interrogativamente a lo alto; porque, por encima de él, oía la llamada clara y nítida de un pájaro. Y he aquí que un águila describía amplios círculos en el aire, y de ella colgaba una serpiente, no como una presa sino como una amiga: pues el águila la tenía enroscada en tomo a su cuello". En este misterioso abrazo presentimos ya de qué forma, sin que se diga de un modo explícito, en los círculos que describe el águila y en el enroscamiento de la serpiente se enroscan círculo y anillo. Así resplandece el anillo, que se llama anulus aeternitatis: anillo sigilar y año de la eternidad. En el aspecto de los dos animales se muestra adónde ellos mismos pertenecen con su girar y su enroscarse. Porque no son ellos nunca los que empiezan haciendo círculo y anillo, sino que se ensamblan en él para, de este modo, tener su esencia. En el aspecto de los dos animales aparece Aquello que le concierne al Zaratustra que levanta su mirada interrogativa hacia lo alto. De ahí que el texto continúe:"Son mis animales", dijo Zaratustra, y se alegró de todo corazón.El más orgulloso de los animales que hay bajo el sol y el más inteligente de los animales que hay bajo el sol - los dos han salido de exploración.Quieren averiguar si Zaratustra aún vive. ¿En verdad, aún vivo?"La pregunta de Zaratustra sólo conserva su peso si la palabra indeterminada "vida" la entendemos en el sentido de "voluntad de poder". Zaratustra pregunta: ¿corresponde mi voluntad a la voluntad que, como voluntad de poder, domina la totalidad del ente?Sus animales averiguan la esencia de Zaratustra. El se pregunta a sí mismo si él es aún, es decir si es ya aquel que propiamente es. En una nota a Así hablaba Zaratustra, procedente de los escritos póstumos (XIV, 279), se dice:""¿Tengo tiempo para esperar a mis animales? Si son mis animales, sabrán encontrarme". El silencio de Zaratustra. "De este modo, luego sus animales, en el pasaje citado del fragmento "El convalescente", le dicen lo siguiente, que las palabras escritas en itálica no deben hacernos pasar por alto. Dicen:"Porque tus animales, oh Zaratustra, saben bien quién eres y quién debes llegar a ser: mira, eres el maestro, eres el que enseña el eterno retorno -, ¡éste es ahora tu destino! "De este modo sale a la luz lo siguiente: Zaratustra antes que nada tiene que llegar a ser el que es. Ante tal llegar a ser, Zaratustra retrocede asustado. Este susto atraviesa toda la obra que lo representa. Este susto determina el estilo, la andadura vacilante y siempre ralentizada de la obra entera. Este susto ahoga toda seguridad en sí mismo y toda presunción de Zaratustra, ya al principio de su camino. Quien, de todos estos discursos, que a menudo suenan a pretenciosos y en los que muchos de sus giros son sólo gestos de ebriedad no haya oído ya desde el principio, y no esté oyendo siempre este susto, éste no podrá saber nunca quién es Zaratustra.Si Zaratustra debe llegar a ser primero el maestro del eterno retorno, entonces no puede empezar de entrada con esta enseñanza. Por esto al principio de su camino están estas otras palabras: "Yo os enseño el ultrahombre".Ahora bien, con la palabra "ultrahombre" lo primero que tenemos que hacer es mantenernos a distancia de todos los acentos equivocados y perturbadores que suenan habitualmente en las opiniones. Con la denominación "ultrahombre", Nietzsche precisamente no menciona a un hombre simplemente de dimensiones mayores que las que ha tenido el hombre hasta ahora. Tampoco menciona a un tipo de hombre que arroje lo humano fuera de sí y haga de la mera arbitrariedad su ley y de un furor titánico su regla. El ultrahombre, tomando la palabra en su sentido completamente literal, es más bien aquel hombre que va más allá del hombre que ha habido hasta ahora, única y exclusivamente para llevar a este hombre a la esencia que tiene aún pendiente y emplazarlo allí. Una nota póstuma relativa al "Zaratustra" dice (XIV, 271):"Zaratustra no quiere perder ningún pasado de la humanidad, quiere arrojarlo Todo en el molde".Pero ¿de dónde proviene la llamada de socorro que pide la venida del ultrahombre? ¿Por qué el hombre de antes ya no basta? Por que Nietzsche se da cuenta de que ha llegado el momento histórico en el que el hombre se dispone a entrar en el dominio de la tierra como totalidad. Nietzsche es el primer pensador que, colocándose en la perspectiva que contempla el primer emerger de la historia acontecida del mundo, plantea la pregunta decisiva y la piensa hasta el final en todo su alcance metafísico. La pregunta dice así: ¿está el hombre, como hombre, en su esencia, tal como se ha revelado ésta hasta ahora, preparado para hacerse cargo del dominio de la tierra? Si no es así, ¿qué debe ocurrir con el hombre, tal como ha sido hasta hoy, para que pueda "someter" la tierra y, de este modo cumplir la palabra de un Antiguo Testamento? ¿No va a ser necesario que este hombre sea llevado más allá de sí mismo para que pueda corresponder a esta misión? Si esto es así, entonces el "ultrahombre", pensado correctamente, no puede ser ningún producto de la fantasía desenfrenada y degenerada que se lanza impetuosa al vacío. Sin embargo, este tipo de hombre tampoco puede encontrarlo la Historia por medio de un análisis de la época moderna. De ahí que no podamos buscar nunca la configuración esencial del ultrahombre en aquellos personajes que, como funcionarios principales de una voluntad de poder superficial y mal interpretada, están siendo empujados a la cabeza de sus distintas formas de organización. De una cosa, ciertamente, deberíamos darnos cuenta: este pensar que se dirige a la figura de un maestro que enseña al ultrahombre nos concierne (va con nosotros), concierne a Europa, concierne a la tierra entera, no sólo hoy mismo sino ante todo mañana. Esto es así independientemente de que afirmemos o combatamos este pensamiento, de que lo pasemos por alto o de que lo imitemos con falsos acentos. Todo pensar esencial atraviesa la muchedumbre de sus partidarios y de sus adversarios, sin que ninguno pueda hacerle nada.De ahí que lo primero que tenemos que hacer sea aprender a aprender del maestro, aunque sólo sea aprender a preguntar más allá de él. únicamente de este modo experienciaremos un día quién es el Zaratustra de Nietzsche, o no lo experienciaremos nunca.De todos modos, queda por considerar si el preguntar más allá del pensar de Nietzsche puede ser una continuación de éste o tiene que ser un paso hacia atrás.Queda por considerar antes si este "hacia atrás" es sólo un pasado fijable por los medios de la ciencia histórica, un pasado que quisiéramos renovar (por ejemplo, el mundo de Goethe), o si este "hacia atrás" señala algo sido cuyo comienzo está esperando aún una conmemoración, para llegar a ser un principio que el alba deja emerger.De todos modos, ahora nos limitaremos a aprender unas pocas cosas, y además provisionales, relativas a Zaratustra. Lo más conforme a la cuestión será que intentemos acompañar los primeros pasos del maestro que él es. Él enseña mostrando. Prevé la esencia del ultrahombre y la lleva a una figura visible. Zaratustra es sólo el maestro, no es ya el ultrahombre mismo. Y, a su vez, Nietzsche no es Zaratustra sino el que pregunta, el que, pensando, intenta hacerse con la esencia de Zaratustra.El ultrahombre va más allá del modo de ser del hombre de hoy, y del hombre tal como ha sido hasta hoy, y así es una transición, un puente. Para que, aprendiendo, podamos seguir al maestro que enseña el ultrahombre, tenemos que -para no salir de esta imagenllegar al puente. La transición la pensaremos de un modo hasta cierto punto completo si consideramos tres cosas:1. Aquello de lo que se aleja el que pasa.2. El paso mismo.3. Aquello a lo que pasa el que pasa.Esto último que hemos dicho no podemos perderlo de vista; no puede perderlo de vista ante todo el que pasa, y antes el maestro que tiene que mostrarlo. Si no se ve de antemano adónde se va, entonces este pasar carece de dirección, y aquello de lo que tiene que liberarse el que pasa permanece en lo indeterminado. Pero por otro lado, aquello a lo que está llamado el que pasa sólo se muestra a plena luz cuando ya ha pasado allí. Para el que pasa y, de un modo total, para aquel que como maestro tiene que mostrar este paso, para Zaratustra mismo, el adónde está siempre en la lejanía. Lo lejano permanece. En tanto que permanece, permanece en una proximidad, es decir, en aquella que conserva lo lejano como lejano al pensar en lo lejano y en dirección a lo lejano. La proximidad a lo lejano, que conmemora lo lejano, es lo que nuestra lengua llama nostalgia (Sehnsucht). Erróneamente enlazamos la palabra "Sucht" con "suchen" y con "ser arrastrado". Pero la vieja palabra "Sucht" significa: enfermedad, padecimiento, dolor.La nostalgia es el dolor de la proximidad de lo lejano.Allí donde va el que pasa, a este el lugar le pertenece la nostalgia. El que pasa, y ya el que lo muestra, el maestro, como ya vimos, está en camino de regreso, hacia su esencia más propia. Es el convalescente. En la tercera parte del Así hablaba Zaratustra, inmediatamente después del fragmento titulado "El convalescente", sigue aquel fragmento que lleva por título "De la gran nostalgia". Con este fragmento, el antepenúltimo de la 3 a parte, alcanza la obra Así hablaba Zaratustra su punto culminante. En una nota póstuma (XIV, 285) señala Nietzsche:" Un sufrimiento divino es el contenido del tercer Zaratustra."En el fragmento "De la gran nostalgia", Zaratustra habla con su alma. Según la doctrina de Platón, regulativa para la metafísica occidental, la esencia del pensar descansa en el diálogo alma consigo misma. Es el wogñl, nö n¯téa ² ¯xuc iatxr¡zeid Ürep nÚ n °poks: el recogimiento dicente del alma, el que el alma misma recorre de camino hacia sí misma, en el ámbito de lo que cada vez ve (Theaetet. 189e; cfr. Sophistes 263e). En diálogo con su alma, Zaratustra piensa "el más abismal de sus pensamientos" (Der Genesende, n. 1; cfr. III. Vom Gesicht und Rätsel, n. 2). En el fragmento "De la gran nostalgia", Zaratustra empieza con estas palabras:"Oh, alma mía, te enseñé a decir "Hoy" como "Antaño" y "Un día", y a pasar danzando tu danza en corro por encima de todo Aquí y Ahí y Allí".Las tres palabras "Hoy", "Un día", "Antaño" están escritas con mayúsculas y entre comillas. Nombran los rasgos fundamentales del tiempo. El modo como Zaratustra las pronuncia explica aquello que a partir de ahora Zaratustra tiene que decirse a sí mismo en el fondo de su esencia. ¿Y qué es esto? Que "Antaño" y "Un día" son futuro y pasado como el "Hoy". Pero el hoy es como lo pasado y lo que viene. Las tres fases del tiempo se desplazan hacia lo Mismo, como lo Mismo, juntándose en un presente único, en un constante Ahora. La Metafísica llama al continuo Ahora: la eternidad. También Nietzsche piensa las tres fases del tiempo desde la eternidad como continuo presente. Pero lo permanente en él no descansa en un estar (stehen) sino en un retorno de lo Igual. Zaratustra, cuando le enseña a su alma aquel decir, es el maestro del eterno retorno de lo Mismo. Este retorno es la plenitud inagotable de la vida gozosa-dolorosa. Hacia allí se dirige "la gran nostalgia" del maestro del eterno retorno de lo Mismo.De ahí que, en el mismo fragmento, a "la gran nostalgia" se le llame "la nostalgia de la sobre-abundancia".La "gran nostalgia" vive sobre todo de aquello de lo que ella saca el único consuelo, es decir, la confianza. En lugar de la palabra antigua "Trost" (consuelo) (emparentada con ella: trauen, zutrauen, tener confianza, fiarse), en nuestra lengua ha entrado la palabra "Hoffnung" (esperanza) "La gran nostalgia" entona y determina a Zaratustra, animado por ella, a su "más grande esperanza".Pero ¿qué es lo que le autoriza y le lleva a ésta?¿Cuál es el puente que le deja pasar hasta el ultrahombre y que al pasar a la otra orilla le deja alejarse del hombre del pasado y de hoy, de tal modo que puede librarse de él?Es la estructura peculiar de la obra Así hablaba Zaratustra, que debe mostrar la transición del que va más allá, lo que hace que la contestación a la pregunta que acabamos de formular se dé en la 2.ª parte de la obra, en la parte preparatoria. Aquí Nietzsche, en el fragmento "de las Tarántulas", hace decir a Zaratustra:"Porque que el hombre sea librado de la venganza: esto para mi es el puente a la más alta esperanza, y un arco iris después de largas inclemencias del tiempo".Qué singular y qué extraño para la opinión habitual que la gente se ha hecho de la filosofía de Nietzsche. ¿No pasa por ser Nietzsche el, instigador de la voluntad de poder, de la política de la violencia Y de la guerra, de la furia de la "bestia rubia"?Las palabras "que el hombre sea librado de la venganza" en el texto están impresas incluso en itálica. El pensar de Nietzsche piensa en vistas a la liberación del espíritu de la venganza. Su pensar quisiera servir a un espíritu que, como liberación de toda ansia de venganza, precede a todo mero hermanamiento, pero también a todo únicamente-querer-castigar, a un espíritu que es anterior a cualquier esfuerzo por la paz y a toda actividad bélica, fuera de los límites de un espíritu que quiera asegurar y fundamentarla pax, la paz, por medio de pactos. El espacio de esta liberación de la venganza está, del mismo modo, fuera de los límites del pacifismo y de la política de violencia y de una neutralidad calculada. Está también fuera de los límites de una actitud débil que deja que las cosas sigan su curso o de la huida en torno al ara del sacrificio, del mismo modo como está fuera de las intervenciones ciegas y de la actuación a cualquier precio.Propio del espíritu de la liberación de la venganza es la presunta condición de librepensador de Nietzsche."Que el hombre sea liberado de la venganza. " Si nosotros, aunque sea sólo de un modo aproximado, consideramos este espíritu de la libertad como el rasgo fundamental del pensar de Nietzsche la imagen de Nietzsche que ha corrido hasta ahora, y que sigue corriendo, tiene que hacerse añicos."Porque que el hombre sea liberado de la venganza: esto es para mí el puente a la suprema esperanza", dice Nietzsche. Dice con ello al mismo tiempo, en la lengua de un ocultar que prepara, adónde dirige su "gran nostalgia".Pero ¿qué entiende aquí Nietzsche por venganza? ¿En qué consiste para él la liberación (le la venganza?Nos contentaremos con aportar algo de luz a estas dos preguntas. Tal vez esta luz nos hará ver con mayor claridad el puente que, para un pensar como éste, tiene que llevar al hombre de ayer y de hoy al ultrahombre. Con la transición se pone de manifiesto Aquello hacia lo que va el que pasa. Así podremos comprender antes en qué medida Zaratustra, como el portavoz de la vida, del sufrimiento, del círculo, es a la vez el maestro del eterno retorno de lo Mismo y el ultrahombreEntonces ¿por qué algo tan decisivo depende de la liberación de la venganza? ¿Cuál es la guarida del espíritu de la venganza? Nietzsche nos contesta en el tercer fragmento de la 2.ª parte de Así hablaba Zaratustra. Lo titula: "De la salvación". Aquí se dice:"El espíritu de la venganza: amigos míos, esto fue hasta ahora la mejor reflexión del hombre; y donde había sufrimiento, allí debía haber siempre castigo".Con esta proposición la venganza se relaciona de antemano con todo lo que el ser humano ha reflexionado hasta ahora. La reflexión que aquí se nombra no se refiere a algún tipo de reflexión sino a aquel pensar en el que descansa y vibra la relación del hombre con lo que es, con el ente. En la medida en que el hombre se comporta con el ente, representa el ente en vistas al hecho de que es, en vistas a lo que es y a cómo es, a cómo quisiera y debiera ser, en pocas palabras: el ente en vistas a su Ser. Este re-presentar es el pensar.Según la proposición de Nietzsche, este representar ha estado determinado hasta ahora por el espíritu de la venganza. A la relación de ésta, determinada de esta manera, con lo que es la consideran los hombres lo mejor.Como sea que el hombre se represente al ente como tal, se lo representa siempre en vistas al ser de éste. Por medio de esta mirada, va siempre más allá del ente y se dirige al ser. Más allá se dice en griego ‹tem De ahí que toda relación del hombre con el ente como tal sea en sí metafísica. Cuando Nietzsche entiende la venganza como el espíritu que entona (durchstimmt) y determina (bestimmt) el respecto del hombre para con el ente, está pensando de antemano la venganza de un modo metafísico.La venganza no es aquí simplemente un tema de la Moral Y la liberación de la venganza no es una tarea de la educación moral. Del mismo modo, la venganza y el ansia de venganza no son un objeto de la Psicología. La esencia y el alcance de la venganza los ve Nietzsche metafísicamente. Pero ante todo, ¿qué significa venganza?Si, con la amplitud de miras necesaria, nos atenemos primero al significado de la palabra, podemos sacar de este modo una seña. Rache (venganza), räche, wreken, urgere significa: golpear, empujar, hacer avanzar delante de uno, perseguir, ir a la caza. ¿En qué sentido la venganza es un ir a la caza? Ella no busca meramente dar caza a algo, cogerlo, apropiárselo. Tampoco busca simplemente abatir aquello a la caza de lo cual va. Este ir a la caza para vengarse se opone de antemano a aquello en lo que se venga. Se opone a ello de este modo: rebajándolo, con el fin de, frente a lo que ha rebajado, ponerse a sí mismo en una posición de superioridad y, de este modo, reconstruir su propia validez, que es tenida como lo único que cuenta. Porque la sed de venganza es excitada por el sentimiento de ser vencido y perjudicado. Por los años en los que Nietzsche creaba su obra Así hablaba Zaratustra, escribió esta observación:"Recomiendo a todos los mártires que reflexionen si no fue la sed de venganza lo que los empujó a lo extremo". (XII, p. 298).¿Qué es la venganza? Podemos decir ahora de un modo provisional: venganza es la persecución que se opone y que rebaja. ¿Y es esta persecución lo que ha sostenido y penetrado hasta ahora toda reflexión y toda representación del ente en vistas a su ser? Si al espíritu de la venganza le compete el alcance metafísico del que hemos hablado, este alcance tiene que poder verse desde la constitución de la Metafísica moderna. Para lograr de algún modo esta visión, fijémonos en esto: en qué impronta esencial aparece el ser del ente dentro de los límites de la Metafísica moderna? Esta impronta esencial del ser se expresa de una forma clásica en unas pocas proposiciones que Schelling ha escrito en 1809 en sus "Investigaciones filosóficas sobre la esencia de la libertad y los objetos que están en conexión con ella". Estas tres proposiciones dicen:"En la última y suprema instancia no hay otro ser que el querer. Querer es ser primigenio, y a éste (al querer) sólo se le pueden aplicar los predicados de éste mismo (del ser primigenio): ausencia de fundamento, eternidad, independencia del tiempo, auto-afirmación. Toda la Filosofía aspira sólo a encontrar esta suprema expresión."(F. W. J. Schelling. Philosophische Schriften, tomo I, Landshut 1809, S. 419).Los predicados que el pensar de la Metafísica atribuye desde antiguo al ser, según su última y suprema y por ello acabada figura, Schelling los encuentra en el querer. Sin embargo, la voluntad de este querer no está aquí pensada como capacidad del alma humana. La palabra "querer" es aquí el nombre del ser del ente en su totalidad. Éste es voluntad. Esto nos suena extraño y además lo será mientras sigan siéndonos extraños los pensamientos fundamentales de la Metafísica occidental. Seguirán siéndolo mientras no pensemos estos pensamientos sino que lo único que hagamos sea hablar de ellos. Se puede, por ejemplo, dar cuenta de un modo históricamente exacto, de los enunciados de Leibniz sobre el ser del ente sin que pensemos lo más mínimo de lo que él pensó cuando, a partir de la monada, determinaba el ser del ente como unidad de perceptio y appetitus, como unidad de representar y aspirar, es decir, como voluntad. Lo que piensa Leibniz llega, a través de Kant y Fichte, al habla como voluntad racional, una voluntad sobre la que Hegel y Schelling, cada uno a su manera, reflexionan. Lo mismo quiere decir Schopenhauer cuando da a su obra fundamental el título "El mundo (no el hombre) como voluntad y representación". Lo mismo piensa Nietzsche cuando reconoce al ser originario del ente como voluntad de poder.El hecho de que el ser del ente aparezca aquí por todas partes como voluntad no descansa en opiniones sobre el ente que algunos filósofos se hagan. Lo que significa este aparecer del ser como voluntad no lo podrá descubrir nunca ninguna erudición; sólo se puede obtener por medio de un pensar que pregunta, honrarlo en su cuestionabilidad como lo digno de ser pensado, y de este modo guardarlo en la memoria.Para la Metafísica moderna, y por medio de ella, el ser del ente aparece expresado propiamente como voluntad. Pero el hombre es hombre en tanto que, pensando, se relaciona con el ente, y es de este modo mantenido en el ser. El pensar, en su propia esencia, debe corresponder a aquello respecto a lo cual se relaciona, al ser del ente como voluntad.Pues bien, según las palabras de Nietzsche, el pensar estuvo hasta ahora determinado por el espíritu de la venganza. ¿Cómo piensa entonces Nietzsche la esencia de la venganza, suponiendo que la piensa metafísicamente?En la segunda parte de Así hablaba Zaratustra, en el fragmento "De la liberación", ya mencionado, Nietzsche hace decir a Zaratustra:"Esto, sí, esto sólo es la venganza misma: la contravoluntad de la voluntad contra el tiempo y su "fue"."Que una determinación esencial de la venganza haga sobresalir aquello a lo que ella se opone y se enfrenta y con ello haga sobresalir una contravoluntad es algo que corresponde a la peculiar persecución con la cual caracterizábamos la venganza. Pero Nietzsche no dice únicamente: venganza es contravoluntad. Esto es válido también para el odio. Nietzsche dice: venganza es contravoluntad de la voluntad. Pero "voluntad" es el ser de la totalidad de los entes, no sólo del querer humano. Por la caracterización de la venganza como "contravoluntad de la voluntad", su persecución y oposición permanecen de antemano dentro de los límites del respecto con el ser del ente. Que esto es así se ve claro si nos fijamos contra qué se dirige la contravoluntad de la venganza. Venganza es "contravoluntad de la voluntad contra el tiempo y su "fue"."Al leer esta determinación esencial de la venganza, por primera, por segunda y aun por tercera vez, al hecho de relacionar de un modo insistente la venganza con el tiempo lo tomaremos como algo sorprendente, incomprensible y, en última instancia, arbitrarlo. E incluso hay que tomarlo así, si no seguimos considerando lo que quiere decir aquí el nombre "tiempo".Nietzsche dice: venganza es "contravoluntad de la voluntad contra el tiempo ... ". No se dice: contra algo temporal. Tampoco se dice contra un carácter especial del tiempo. Se dice sin más : "contravoluntad contra el tiempo ... ".Ahora bien, inmediatamente siguen las palabras: "contra el tiempo y su "fue"". Pero esto dice: venganza es la contravoluntad contra el "fue" del tiempo. Se hará notar con razón que al tiempo no sólo le pertenecen en propio el "fue" sino, de un modo igualmente esencial, el "será"y el "es ahora"; porque el tiempo no sólo está determinado por el pasado sino también por el futuro y el presente. De ahí que si Nietzsche subraya el "fue" del tiempo, es evidente que, en su caracterización de la esencia de la venganza, no se está refiriendo en modo alguno a "el" tiempo como tal sino al tiempo desde una perspectiva determinada. Pero ¿qué pasa con "el" tiempo? Pasa que se va. Y se va pasando. Lo que viene del tiempo no viene nunca para quedarse sino para irse. ¿Adónde? Al pasar. Cuando un hombre ha muerto decimos que se ha despedido de lo temporal. Lo temporal pasa por ser lo que pasa (lo pasajero).Nietzsche define la venganza como "la contravoluntad de la voluntad contra el tiempo y su "fue"". Esta caracterización que él adjunta no subraya un carácter aislado del tiempo olvidando unilateralmente los otros dos, sino que caracteriza el rasgo fundamental del tiempo en su esencia temporal total y propia. Con el "y" del giro "el tiempo y su "fue"", Nietzsche no pasa a un mero añadido que habla de un carácter especial del tiempo. El "y" significa aquí tanto como: y esto quiere decir. Venganza es contravoluntad de la voluntad contra el tiempo, y esto quiere decir: contra el pasar y su carácter pasajero. Esto para la voluntad es algo contra lo que ella no puede hacer nada, algo con lo que su querer choca continuamente. El tiempo y su "fue" es la piedra contra la que choca la voluntad y a la que no puede hacer rodar. El tiempo y su pasar es lo adverso de lo que padece la voluntad. Como voluntad que padece así, ella misma se convierte en sufrimiento por el pasar, un sufrimiento que luego quiere su propio pasar y con ello quiere que todo sea digno de pasar. La contravoluntad contra el tiempo rebaja lo pasajero. Lo terrestre, la tierra y todo lo que pertenece a ella es lo que propiamente no debería ser y que en el fondo tampoco tiene ser verdadero. Ya Platón lo llamó el ¯m nö, el no ente.Según las proposiciones de Schelling, que expresan sólo la representación rectora de toda Metafísica, "independencia del tiempo, eternidad" son proto-predicados del ser.Pero la contravoluntad más profunda contra el tiempo no consiste en el mero rebajar lo terrenal. La más profunda venganza consiste para Nietzsche en aquella reflexión que pone los ideales ultratemporales como los absolutos, unos ideales medidos con los cuales lo temporal tiene necesariamente que rebajarse a sí mismo como lo propiamente no-ente.Pero ¿cómo podrá el hombre acceder al dominio sobre la tierra, cómo puede tomar en su custodia a la tierra como tierra si rebaja, y mientras rebaje, lo terrenal, en la medida en que el espíritu de la venganza determina su reflexión? Si hay que salvar a la tierra como tierra, entonces primero tiene que desaparecer el espíritu de la venganza. De ahí que para Zaratustra, la liberación de la venganza sea el puente hacia la suprema esperanza.Pero ¿en qué consiste esta salvación de la contravoluntad contra el pasar? ¿Consiste en una liberación de la voluntad en general? ¿En el sentido de Schopenhauer y del budismo? En la medida en que, según la doctrina de la Metafísica moderna, el ser del ente es voluntad, la liberación de la voluntad se equipararía a una salvación del ser, y con ello a una caída en el vacío de la nada. Sin duda, para Nietzsche la liberación de la venganza es la liberación de lo adverso a la voluntad, de lo opuesto a ella y de lo que la rebaja, pero en modo alguno un desprenderse de todo querer. La liberación libera a la voluntad de su No y la hace libre para un Sí. ¿Qué afirma este Sí? Justamente aquello que la contravoluntad del espíritu de venganza niega: el tiempo, el pasar.Este Sí al tiempo es la voluntad de que el pasar permanezca y no sea rebajado a la nada. Pero ¿cómo puede permanecer el pasar? Sólo así: que como pasar no esté sólo yéndose continuamente sino viniendo siempre. Sólo así: que el pasar y lo que pasa de este pasar regrese en su venir como lo Mismo. Pero este mismo regreso sólo es un retorno que permanece si es un regreso eterno. El predicado "eternidad" según la doctrina de la Metafísica, pertenece al ser del ente.La liberación de la venganza es el paso de la contravoluntad contra el tiempo a la voluntad que, al convertirse en portavoz del círculo, se representa el ente en el eterno retorno de lo Mismo.Dicho de otra manera: sólo cuando el ser del ente se presente para el hombre como retorno de lo Mismo, sólo entonces puede el hombre pasar por el puente y, liberado del espíritu de la venganza, ser el que pasa al otro lado, el ultrahombre.Zaratustra es el maestro que enseña el ultrahombre. Pero enseña esta doctrina única y exclusivamente porque es el maestro del eterno retorno de lo Mismo. Este pensamiento, del eterno retorno de lo Mismo es, por su rango, el primero, el "más abismático" de los pensamientos. De ahí que sea el último que el maestro pronuncie, y sólo de un modo vacilante.¿Quién es el Zaratustra de Nietzsche? Es el maestro que a la reflexión que hasta ahora ha estado vigente quisiera liberarla del espíritu de la venganza llevándola al Sí, al eterno retorno de lo Mismo.Zaratustra, como maestro del eterno retorno, enseña el ultrahombre. El estribillo de esta enseñanza dice, según una nota póstuma: "Refrán: Sólo el amor debe juzgar - (el amor que se olvida de sí mismo en sus obras)".Como maestro del eterno retorno y del ultrahombre, Zaratustra no está enseñando dos cosas distintas. Lo que enseña forma un todo coherente porque una cosa pide la correspondencia de la otra.Esta correspondencia, aquello en lo que ella esencia y el modo como se retira, es lo que oculta en sí la figura de Zaratustra y, no obstante, lo que al mismo tiempo muestra, y, de este modo, es lo primero que lo hace digno de ser pensado.Sólo que el maestro sabe que lo que él enseña es sólo una visión y un enigma. Persevera en este saber que reflexiona.Nosotros, los hombres de hoy, debido al peculiar predominio de las ciencias modernas, estamos enredados en el extraño error que cree que el saber se puede ganar desde las ciencias y que el pensar está sometido al tribunal de la ciencia. Pero lo único que un pensador es capaz de decir no puede probarse ni refutarse de un modo lógico ni empírico. Tampoco es un asunto de fe. Sólo se puede llevar a visión por un pensar-interrogativo. Lo visto aparece así siempre como lo digno de ser cuestionado.Para descubrir el rostro del enigma y mantenerlo en la vista fijémonos de nuevo en el aspecto de sus animales, un aspecto que aparece al principio de su peregrinación:"Entonces miró Zaratustra interrogativamente a lo alto; porque, por encima de él, oía la llamada clara y nítida de un pájaro. Y he aquí que un águila describía amplios círculos en el aire, y de ella colgaba una serpiente, no como una presa sino como una amiga: pues el águila la tenía enroscada en torno a su cuello."""Son mis animales", dijo Zaratustra, "y se alegró en su corazón"."Así dice el pasaje del fragmento "El convalescente", n. 1, que antes, intencionadamente, hemos citado sólo de un modo fragmentario:" Yo, Zaratustra, el portavoz de la vida, el portavoz del sufrimiento, el portavoz del círculo: ¡a ti te llamo, el más abismático de mis pensamientos!"Con la misma palabra llama Zaratustra al pensamiento del eterno retorno de lo Mismo en el fragmento de la 2.ª parte "Del rostro y del enigma" (n. 2). Allí Zaratustra, en el enfrentamiento con el enano, intenta pensar por primera vez lo enigmático, que él ve como el objeto de su nostalgia. El eterno retorno de lo Mismo sigue siendo rostro para Zaratustra, pero un enigma. No se puede demostrar ni refutar de un modo lógico ni empírico. En el fondo esto es válido para todo pensamiento esencial de todo pensador: algo avistado pero enigma, digno-de-ser-cuestionado.¿Quién es el Zaratustra de Nietzsche? Ahora podemos contestar con una fórmula: Zaratustra es el maestro del eterno retorno de lo Mismo y el maestro del ultrahombre. Pero ahora estamos viendo, quizá estamos viendo de un modo más claro más allá de la mera fórmula Zaratustra no es un maestro que enseñe dos cosas, dos cosas distintas: Zaratustra enseña a el ultrahombre porque es el maestro del eterno retorno de lo Mismo. Pero también al revés: Zaratustra enseña el eterno retorno de lo Mismo porque es el maestro del ultrahombre. Ambas doctrinas pertenecen conjuntamente a un círculo. Por su movimiento circular, esta doctrina corresponde a lo que es, al círculo que, como eterno retorno de lo Mismo, constituye el ser del ente, es decir, lo permanente en el devenir.
La doctrina y el pensamiento de ésta llegan a este movimiento circular cuando aquélla pasa por el puente que se llama: liberación del espíritu de venganza. Es así como el pensar que ha estado vigente hasta ahora debe ser superado.Del año 1885, es decir inmediatamente después de que Nietzsche terminara la obra Así hablaba Zaratustra, hay una nota, recogida con el nº 617 en el libro que está hecho espigando la obra póstuma del autor y que se publicó con el título de "La voluntad de poder". La nota lleva, subrayado, este título: "Recapitulación ". Aquí, en pocas frases, con una lucidez inusitada, Nietzsche resume lo fundamenta de su pensamiento. En una observación marginal del texto, entre paréntesis, se nombra expresamente a Zaratustra. La "Recapitulación" empieza con esta proposición: "Imprimir en el devenir el carácter del ser - esto es la suprema voluntad de poder".La suprema voluntad de poder, es decir, lo más vivo de toda la vida, es representar el pasar como permanente devenir en el eterno retorno de lo Mismo y hacerlo así permanente y estable. Este representar es un pensar que, como Nietzsche señala haciendo hincapié de un modo especial, "imprime" al ente el carácter de su ser. Este pensar toma al devenir -al que pertenece un constante choque, el sufrimiento- en su cobijo, bajo su protección.Este pensar, ¿supera la reflexión que ha estado vigente hasta ahora, supera el espíritu de venganza? ¿O bien ocurre que en este imprimir que toma a todo devenir bajo el cobijo del eterno retorno de lo Mismo se está ocultando todavía una contravoluntad contra el mero pasar y con ello un espíritu de venganza extremadamente espiritualizado?Así que planteamos esta pregunta parece que demos la impresión de que le estamos pasando a Nietzsche la cuenta de aquello que es lo suyo más propio, que es precisamente lo que él quiere superar, como si abrigáramos la opinión de que con esta cuenta se está refutando el pensar de este pensador.Pero el ajetreo del querer refutar no llega nunca al camino de un pensador. Forma parte de aquella cortedad de miras de cuyos desahogos necesita el público para su diversión. Además, hace tiempo que Nietzsche se ha anticipado ya a nuestra pregunta con una respuesta. El escrito que precede inmediatamente al libro Así hablaba Zaratustra apareció en 1882 bajo el título "La Gaya Ciencia". En su penúltimo fragmento, n.º 341, "el más abismático de los pensamientos" de Nietzsche está presentado por primera vez bajo el título de "El más grande de los pesos". El fragmento que le sigue, la conclusión, n.º 342, está incorporada palabra por palabra como principio del prólogo, en la obra Así hablaba Zaratustra.En los escritos póstumos (W W tomo XIV, pp. 404 y ss) se encuentran esbozos del prólogo al escrito "La Gaya Ciencia". Allí leemos lo siguiente:"Un espíritu fortalecido por guerras y victorias y para el que la conquista, la aventura, el peligro, incluso el dolor, se han convertido en necesidad; una habituación al aire cortante de las alturas, a paseos invernales, a hielo y montañas en todos los sentidos; una especie de sublime maldad y extrema petulancia de la venganza -porque hay venganza ahí, venganza que se toma con la vida misma cuando uno que tiene grandes sufrimientos toma la vida bajo su protección."¿Qué otra cosa nos queda por decir que esto: la doctrina de Zaratustra no trae la liberación de la venganza? Lo decimos. Pero en modo alguno lo decimos como presunta refutación de la filosofía de Nietzsche. No lo decimos ni siquiera como objeción al pensar de Nietzsche. Pero lo decimos para dirigir nuestra mirada sobre el hecho de que el pensar de Nietzsche se mueve dentro del espíritu de la reflexión que ha estado vigente hasta ahora; y lo decimos para fijarnos en qué medida esto es así. Si este espíritu del pensar, tal como ha estado vigente hasta ahora, al ser interpretado como espíritu de venganza, ha sido alcanzado en su esencia decisiva o no, es una cuestión que vamos a dejar abierta. En cualquier caso, el pensar que ha estado vigente hasta ahora es Metafísica, y presumiblemente el pensar de Nietzsche cumplimenta el acabamiento de ésta.Con ello, en el pensar de Nietzsche aparece algo que este mismo pensar ya no es capaz de pensar. Este quedarse detrás de lo pensado caracteriza lo creativo de un pensar. Además allí donde un pensar lleva a la Metafísica a su acabamiento, este pensar, en un sentido muy especial, señala hacia algo no pensado, y lo hace de un modo al mismo tiempo claro y confuso. Pero ¿dónde están los ojos para ver esto?El pensar metafísico descansa en la diferencia entre aquello que verdaderamente es y aquello que, medido con esto, constituye lo que no es verdaderamente. Para la esencia de la Metafísica, sin embargo, lo decisivo no está en que la diferencia citada se presente como la contraposición entre lo suprasensible y lo sensible, sino que aquella diferencia, en el sentido de una grieta que se abre entre una cosa y otra, permanezca como lo primero y lo fundamental. Esta grieta sigue estando ahí aun en el caso de que la jerarquización platónica entre lo suprasensible y lo sensible sea experienciada al revés, y aun en el caso de que lo sensible sea objeto de una experiencia más esencial y más amplia, en el sentido que Nietzsche llamó con el nombre de Dionysos. Porque la sobre-abundancia a la que se dirige "la gran nostalgia" de Zaratustra es la inagotable consistencia del devenir, aquello como lo cual la voluntad de poder, en el eterno retorno de lo Mismo, se quiere a sí misma.Nietzsche ha llevado lo esencialmente metafísico de su pensamiento a la forma extrema de la contravoluntad, y lo ha hecho en las últimas líneas de su último escrito Ecce homo, "cómo se llega a ser lo que se es". Nietzsche redactó este escrito en octubre de 1888. No se publicó por primera vez hasta veinte años más tarde, en una edición reducida, y en el año 1911 fue incluido en el tomo XV de la edición en gran octavo. Las últimas líneas de Ecce homo dicen:" ¿Se me ha entendido? - Dionysos contra el Crucificado..."¿Quién es el Zaratustra de Nietzsche? Es el portavoz de Dionysos. Esto quiere decir: Zaratustra es el maestro que en su doctrina del ultrahombre, y para ésta, enseña el eterno retorno de lo Mismo.¿Contesta esta proposición a nuestra pregunta? No. No la contesta, ni aun en el caso de que nos atengamos a las indicaciones que, para seguir el camino de Zaratustra, aunque sólo sea en sus primeros pasos por el puente, explican esta proposición. La proposición, que parece una respuesta, podría sin embargo hacernos prestar atención y llevarnos con mayor atención a la pregunta que constituye el título de este ensayo.¿Quién es el Zaratustra de Nietzsche? Esto pregunta ahora: ¿quién es este maestro? ¿Quién es esta figura que en el estadio del acabamiento de la Metafísica aparece dentro de los límites de ella? En la historia de la Metafísica occidental en ninguna parte como aquí se poetiza o, digámoslo de un modo más adecuado, y literalmente, se ex-cogita (se consigue con el pensar) la figura esencial del pensador de cada momento; en ninguna parte excepto en los comienzos del pensar occidental, en Parménides, Y aquí sólo en perfiles velados.Lo esencial en la figura de Zaratustra es que el maestro enseñe dos cosas que en sí mismas se pertenecen la una a la otra: el eterno retorno y el ultrahombre. Zaratustra es él mismo en cierto modo esta pertenencia mutua. Según esta perspectiva, también él sigue siendo un enigma que a nosotros apenas nos ha sido dado ver aún."Eterno retorno de lo Mismo" es el nombre del ser del ente. "Ultrahombre" es el nombre de la esencia del hombre que corresponde a este ser.¿De dónde procede la copertenencia de ser y esencia del hombre? ¿De qué modo se pertenecen el uno al otro si ni el ser es un artefacto del hombre ni el hombre es sólo un caso especial dentro de los límites del ente?¿,Se puede siquiera dilucidar la copertenencia de ser y esencia del hombre mientras el pensar esté aún pendiendo del concepto de hombre que ha estado vigente hasta ahora? Según éste es el animal rationale, el animal racional. ¿Es una casualidad o solamente un adorno poético el hecho de que los dos animales que acompañan a Zaratustra sean un águila y una serpiente, que ellos le digan quién debe llegar a ser para ser el que es? En la figura de los dos animales tiene que aparecer para el que piense la conjunción de orgullo y sagacidad. Pero hay que saber lo que Nietzsche piensa sobre ambos. En las notas que proceden de la época de la redacción de Así hablaba Zaratustra se dice:"Me parece que modestia y orgullo se pertenecen mutuamente de un modo íntimo... Lo común 'en los dos casos' es la mirada fría, segura, que evalúa (W W XIV, p. 99).En otro pasaje se dice:"Se habla tan tontamente de orgullo - ¡y el cristianismo incluso lo ha hecho sentir como algo pecaminoso! La cosa es: el que se exige algo grande y lo consigue tiene que sentirse muy lejos de Aquellos que no hacen esto; esta distancia la interpretan estos otros como "opinión sobre uno mismo"; pero Aquel la conoce (la distancia) sólo como trabajo constante, guerra, victoria, de día y de noche: de todo esto los otros no saben nada" (ibid. p. 101).El águila: el más orgulloso de los animales; la serpiente: el más sagaz. Y los dos ensamblados en el círculo en el que vibran, en el anillo que circunda su esencia; y que junta una vez más círculo y anillo uno dentro de otro.El enigma sobre quién es Zaratustra como maestro del eterno retorno y del ultrahombre se nos hace visible en el aspecto de los dos animales. En este aspecto podemos fijar de un modo inmediato y con mayor facilidad lo que nuestra exposición ha intentado mostrar como lo digno de ser cuestionado: el respecto del ser con el ser vivo hombre:"Y he aquí que un águila describía círculos en el aire, y de ella colgaba una serpiente no como una presa sino como una amiga, pues el águila la tenía enroscada en torno a su cuello."¡Son mis animales!", dijo Zaratustra y se alegró en su corazón."NOTA SOBRE EL ETERNO RETORNO DE LO MISMONietzsche mismo sabía que "el más abismático de sus pensamientos" seguía siendo un enigma. Tanto menos podemos nosotros pensar en resolver este enigma. Lo oscuro de este último pensamiento de la Metafísica occidental no debe llevarnos a rehuirlo con evasivas.Evasivas hay en el fondo sólo dos:O bien se dice que este pensamiento de Nietzsche es una especie de "Mística" y no pertenece a los temas a los que se enfrenta el pensar.O se dice que este pensamiento es ya muy antiguo. Que en el fondo es la representación cíclica de la historia del mundo, algo conocido desde hace ya mucho tiempo. Dentro de la Filosofía occidental se puede documentar por primera vez en HeráclitoLa segunda de estas informaciones, como todas las de su especie, no dice absolutamente nada. Porque ¿de que nos sirve que sobre un pensamiento constatemos, por ejemplo, que "ya" se encuentra en Leibniz o incluso "ya" en Platón? ¿A qué viene este dato si deja lo pensado por Leibniz o por Platón en la misma oscuridad en la que estaba aquel pensamiento al que, con esta referencia histórica, damos por aclarado?Por lo que hace a la primera evasiva, según la cual la idea nietzscheana del eterno retorno de lo Mismo es una fantasía mística, la época actual bien podría instruirnos con algo distinto; en el supuesto, bien es verdad, de que al pensar le esté determinado poner a la luz la esencia de la técnica moderna.¿Qué otra cosa es la esencia del motor moderno sino una forma del eterno retorno de lo Mismo? Pero la esencia de esta máquina no es ni algo maquinal ni, en absoluto, algo mecánico. De igual modo, la idea de Nietzsche del eterno retorno de lo Mismo no se puede explicar en un sentido mecánico.El hecho de que Nietzsche interprete y experiencie el más abismático de sus pensamientos a partir de lo dionisíaco habla sólo en favor de que él tuvo que pensar este pensamiento aún de un modo metafísico y sólo de este modo. Pero no habla en contra de que este pensamiento, el más abismático de todos, oculte algo no pensado que, al mismo tiempo, se cierra al pensar metafísico.



(Cfr. La conferencia "¿Was heißt Denken?" W S. 51/52, 1954, aparecido en forma de libro en la editorial Niemeyer, Tübingen).

Von der Armut des Reichsten

DE LA POBREZA DEL MÁS RICO


Ya hace diez años...
Ninguna gota me ha llegado,
Ningún viento húmedo, ningún rocío de amor
-una tierra sin lluvias-
A mi sabiduría ruego ahora
que no se vuelva mezquina en esta
aridez:
¡derrámate, destila tu propio rocío,
sé lluvia para el amarillento
yermo!

Antaño mandé a las nubes
que se alejaran de mis montañas
antaño dije ¡más luz, sombrías!
Hoy las seduzco para que vengan:
¡dad sombra en torno mío con
vuestras ubres!
¡quiero ordeñaros,
vacas de alturas!
Sabiduría como cálida leche, dulce
rocío de amor
derramo sobre la tierra.
¡Fuera, fuera, verdades,
que miráis lóbregamente!
No quiero ver sobre mis montañas
amargas verdades impacientes.
Dorada por la sonrisa
se me acerca hoy la verdad
endulzada por el sol, morena de
amor;
del árbol sólo arranco una verdad
madura.

Hoy tiendo la mano
Hacia los seductores bucles del
azar,
suficientemente astuto
para engañar, guiar al azar como a
un niño

Hoy quiero ser hospitalario
con lo inoportuno,
incluso con el destino no quiero
ser punzante;
Zaratustra no es un erizo.
Mi alma,
insaciable con su lengua,
ya ha lamido todas las cosas
buenas y malas,
se ha zambullido en toda
profundidad
Pero siempre, como el corcho,
siempre vuelve a flote,
revolotea tornasolada como aceite
sobre pardos mares:
por este alma me llaman el
dichoso.

¿Quiénes me son padre y madre?
¿No es mi padre el príncipe
exuberancia
y mi madre la risa callada?
¿No me engendró la coyunda de
ambos
a mí, animal de enigmas,
a mí, monstruo de luz,
a mí, pródigo de toda sabiduría,
Zaratustra?

Enfermo hoy de ternura,
un viento de deshielo,
Zaratustra aguarda sentado,
aguarda sobre sus montañas;
cocido y dulcificado
en su propio jugo,
bajo su cima,
bajo su hielo,
cansado y venturoso,
un creador en su séptimo día.

¡Silencio!
Una verdad camina sobre mí
como una nube;
con invisibles rayos me alcanza.
Por amplias, lentas escaleras
llega su felicidad hasta mí:
¡ven, ven, amada verdad!
¡Silencio!
¡Es mi verdad!
Desde ojos vacilantes,
desde escalofríos de terciopelo
me llega su mirada,
encantadora, malvada, un mirada
de muchacha...
Descubrió la base de mi felicidad
me descubrió -ay ¿qué
maquina?-
Un dragón acecha purpúreo
en el abismo de su mirada
de muchacha.

¡Silencio! ¡Habla mi verdad!
¡Ay de ti, Zaratustra!
Te pareces a uno
que ha tragado oro:
¡aún te van a abrir el vientre!...
¡Eres demasiado rico,
tú, corruptor de muchos!
A demasiados vuelves envidiosos,
a demasiados vuelves pobres...
A mí mismo me arroja sombra tu
luz;
tirito: ¡vete rico!
¡vete, Zaratustra, vete de tu sol!...
Quisieras dar, donar tu
experiencia,
pero tú mismo eres el más
exuberante,
¡Sé juicioso, rico!
¡Primero regálate a ti mismo,
Zaratustra!

Ya hace diez años...
¿y ninguna gota te ha llegado?
¿Ningún viento húmedo? ¿ningún
rocío de amor?
¿Pero es que alguien habría de
amarte,
a ti, ubérrimo?
Tu felicidad crea sequedad en
derredor,
crea pobreza de amor
-una tierra sin lluvias-

Ya nadie te está agradecido,
pero agradeces a aquel
que coge de ti:
en eso te reconozco,
ubérrimo,
¡el más pobre de todos los ricos!
Te ofrendas, te tortura tu riqueza,
te entregas,
no te cuidas, no te amas;
la gran tortura te fuerza siempre,
la tortura de los graneros repletos,
de un corazón repleto;
pero ya nadie te está agradecido

Tienes que volverte más pobre,
sabio nesciente,
Sólo se ama a los dolientes,
sólo se ama al hambriento
¡primero regalate a ti mismo,
Zaratustra!

Yo soy tu verdad...

Friedrich Nietzsche
Trad. L. Pérez Latorre

Nietzsche y la Musica.

“Sin la música la vida sería un error”.

Juan A. Jiménez Sanabria – 4º Hª y CC. de la Música
(Crepúsculo de los ídolos, § 33).

Esta magnífica declaración de amor a la música, que Nietzsche ha repetido en
sus cartas a Peter Gast y a Georg Brandes, no se limita a una pasión personal. Nietzsche
no es dado a los elogios. Él ha hablado de la música, de su poder equívoco: La música
es un hechizo, (Carmen), ella embruja, pero también pervierte y absorbe completamente
a sus auditores. «Cave musicam!» (¡Cuidado con la música!), (Humano, demasiado
humano. Prefacio, § 3). De una forma bastante ambigua, Nietzsche ha escrito también
que “es un prejuicio corriente en los filósofos creer que toda música viene de las
Sirenas”. (La Gaya scienza, § 372). Lo que es seguro, es que a la declaración citada en
el epígrafe, Nietzsche le confiere innegablemente un alcance metafísico. El apotegma
vuelve a colocarse a nivel de las intenciones del Creador: la vida deseada por Dios para
los hombres no tendría sentido si faltara la música, la Creación estaría perdida si el
mundo no incluyera la música. He aquí pues una suerte de Gloria in excelsis bajo la
pluma del ateo Nietzsche, dirigido no a Dios, sino al mundo y a la vida. Sin música, la
vida sería un error, así como, sin el Amor, la gracia y el Poder absoluto, Dios no sería
Dios, sería un concepto fallido, una especie de diablo cojo. Dios ha muerto. La vida es
pues la única realidad. Y Nietzsche llama amor fati, afirmación, esta aprobación de la
vida y de la realidad en todos sus aspectos, trágicos, fisiológicos, sensibles, afectivos,
este «Fasagen» (dire-oui) «decir-sí» al mundo y a la vida, que las problemáticas
metafísicas clásicas llamaban «Teodicea» (justificación de Dios). En este sentido, se
podría atrever a decir que, para Nietzsche, la música es la justificación del mundo y de
la vida, el «principio de razón suficiente», mejor aún, para hablar como Leibnitz, el
«principio de lo mejor».
Pero cuál música, y en qué sentido la música define la vida, ¿expresa, según
Nietzsche, el fondo y la perfección de la vida? Las preferencias y las intolerancias de
Nietzsche en materia de música (géneros, estilos, compositores, técnicas armónicas y de
contrapunteo) van a la par con su psicología, su cultura y su historia personal.
Preferimos pasar rápidamente sobre sus gustos idiosincrásicos, para consagrarnos más
bien a la concepción filosófica (usamos la palabra «metafísica»), que ha propuesto a lo
largo de toda su obra. Naturalmente, no haría falta recordar que la música esta
relacionada íntimamente con todos los aspectos de la vida de Nietzsche: se ha escrito
mucho sobre la música en general, sobre los compositores en particular, de su tiempo o
del pasado. Así, un buen número de parágrafos de la segunda parte de Humano,
demasiado humano, ya sea en Miscelánea de opiniones y sentencias (particularmente §
171) o en El viajero y su sombra (§§ 149 a 169) tratan de la música y de los músicos
(alemanes en particular) en el marco de un análisis de la cultura alemana (Bach, Händel,
Beethoven, Mozart, Schubert, Schumann,...). Pero, evidentemente es sobre Wagner que
Nietzsche concentra sus análisis, luego sus críticas cada vez más virulentas y finalmente
sus embestidas panfletarias. Este «Privilegio» lo es, porque los dos hombres han sido
bastante cercanos durante gran parte de los años 70 (el período en Basilea de
Nietzsche), cuando Nietzsche se adhirió profundamente al hombre y sobre todo que
amó profundamente su música, cuando incluso le opone públicamente (post mortem),
sin que por otra parte creérselo mucho en su fuero interior, la Carmen de Bizet. Y es
este conocimiento íntimo del hombre y de la obra que hace que Nietzsche haya visto en
Wagner, el símbolo por excelencia de lo que aborrecía y temía como decadente,
demagógico, anti-artístico y moralizador en la cultura alemana y (es necesario decirlo)
en él mismo, un poco de la misma manera que ha combatido violentamente en él mismo
y en la filosofía, este epítome del pensamiento metafísico, que era a su manera de ver
Schopenhauer.
Pasando por alto sin apoyarnos sobre lo que se afirma, más pintoresco y
anecdótico que verdaderamente significativo, es que Nietzsche se haya ocupado de la
composición. A pesar de la piedad o de la curiosidad de algunos incondicionales o de
musicólogos, las obras musicales de Nietzsche no han dejado y no merecen un recuerdo
perdurable. Era un buen aficionado, pero no bastante competente para mantener la
comparación con los verdaderos compositores. No temió rivalizar con uno de ellos, del
cual se burló con frecuencia Robert Schumann, al punto de criticar su Obertura de
Manfred, escribiendo una obra bajo el título (Manfred-meditación). Esta composición le
ha valido los sarcasmos del músico profesional, al cual le había presentado su obra, el
director de orquesta Hans vön Bülow, ex marido de Cosima, hija de Liszt y esposa de
Wagner.

“¿Es conscientemente que usted desprecia todas las reglas de la composición, de la
sintaxis superior a las leyes más elementales de la armonía? Pongo aparte su interés
psicológico,... su Meditación, desde el punto de vista musical, no tiene otro valor que el
de un crimen en el orden moral”.


(Carta del 24 de julio de 1874)

Es mejor preguntarse qué música escuchaba Nietzsche, ello nos puede guiar
hacia la cuestión más central de saber, que papel le asignaba en la cultura, y luego cuál
es la relación metafísica con la vida. Se trata pues, menos de los gustos del hombre
Nietzsche, que de la importancia para la vida. Ahora bien, Nietzsche trastoca las cartas
por el ejercicio despiadado del espíritu crítico moral y filosófico contra sus propios
afectos, filosóficos, literarios o musicales. Una indicación está dada en Ecce Homo, § 7:
“Aquello que en cuanto a mí exijo verdaderamente a la música. La música debe ser
serena y profunda como una tarde de octubre. Que sea desenvuelta, tierna, una
mujercita llena de abyección y de gracia. No admitiría jamás que un alemán sea capaz
de saber lo que es la música... Yo mismo, soy bastante polaco, para dar por Chopin lo
que queda de la música”.
Pasamos sobre la alusión al personaje amoral que es Carmen. Pasamos incluso
sobre la pulla a los alemanes bajo el pretexto de orígenes polacos, por lo demás
puramente imaginarios. Lo que Nietzsche quiere decir aquí debe comprenderse por una
doble reacción a la concepción de la música y del arte, que Nietzsche ha encontrado en
su maestro venerado y deshonrado Schopenhauer. Primero, como se puede constatar
desde el Nacimiento de la tragedia (§16) hasta Ecce homo, Nietzsche estima como
Schopenhauer, que la música expresa la esencia de toda vida. En el capítulo 52 del
Mundo como voluntad y como representación, Schopenhauer escribe que la música es la
expresión del mundo, del ser verdadero, es decir afectivo, de la realidad, del mundo
como voluntad. La música es una copia tan inmediata de toda la voluntad que es el
mundo. El mundo, como voluntad, es afectividad. La música es la esencia íntima, sin
pasar por la representación, la razón, el consciente, los conceptos. La música no expresa
nunca el fenómeno, sino la esencia íntima, el interior del fenómeno, la voluntad misma.
Ella es la reproducción inmediata de la voluntad y expresa lo que hay de metafísico en
el mundo físico, la cosa en sí de cada fenómeno.
Hay pues una relación estrecha entre la música y el ser verdadero de las cosas.
Ella nos da lo que precede a toda forma, el núcleo íntimo, el corazón de las cosas. Ella
expresa de una sola manera, por los sonidos, con verdad y precisión, la esencia del
mundo, en una palabra, lo que concebimos bajo el concepto de voluntad. Nietzsche
repetirá muchas veces la misma cosa, por ejemplo en Más allá del bien del mal:
“La música es el intermediario por medio del cual las pasiones
gozan de sí mismas”.

Por esto, parodiando una fórmula de Leibnitz que está al comienzo del capítulo
citado, Schopenhauer escribe:
“La música es un ejercicio de metafísica inconsciente,
en la cual el espíritu no sabe que hace filosofía”.

Aquí esta el punto importante para Nietzsche. La música expresa, más que
cualquier otro arte, la realidad de la voluntad de poder, ella es aun trágica y melancólica,
el fondo de toda vida, pero también un «estimulante de la vida» (Stimulanz zum Leben),
incitación seductora a la vida (Verfuhrerin zum Leben). Se comprende por qué El
nacimiento de la tragedia está subtitulada «A partir del espíritu de la música». Sin
embargo, y es el segundo aspecto de la toma de posición nietzscheana con respecto a
Schopenhauer, la música puede ser igualmente la traducción de la negación de la vida,
conforme a la tesis de Schopenhauer según la cual el arte es por excelencia el medio de
escapar a los sufrimientos de la voluntad, el medio para la voluntad de negarse y
refugiarse en las ideas platónicas, paradigmas del arte. Es lo que explica el combate
contra Wagner, con la antítesis forzada y poco convincente entre Parsifal y Carmen.
Pero lo que está en juego, según Nietzsche, es esencial para el problema de la
civilización, de la afirmación dionisiaca de la vida. Esta aprobación se opone al
resentimiento, a la moral, a la negación del cuerpo y de la vida, al renunciamiento,
simbolizado por “el bobo puro” (der reine Tor) de Parsifal. La palabra clave de esta
antítesis es un término que se ha señalado muy poco, ocurrencia frecuente bajo la pluma
de Nietzsche desde Humano, demasiado humano, hasta Ecce Homo o el Crepúsculo de
los ídolos. Es esta Heiterkeit, traducido por “belle humear” (serenidad), como una
alegría serena y un poco desenvuelta en el corazón mismo de los sufrimientos y de los
enigmas dolorosos de la vida y de las pasiones humanas. Una de sus primeras
apariciones sirve para calificar la música de Mozart. Esta asociación conviene
completamente a lo que Nietzsche quiere expresar: “El espíritu sereno, claro, tierno y
ligero de Mozart, cuya gravedad respira la tranquilidad y no el terror”. (El viajero y su
sombra §165 y §154).
Se puede resumir en algunas notas fugitivas sobre el amor metafísico de
Nietzsche y de su filosofía por la música con otro bello texto de 1888 sacado de
Nietzsche contra Wagner, y retomado en la Gaya scienza (§368):
“Y me planteo la pregunta: ¿Qué quiere pues, de la música mi cuerpo entero? Pues no
es del alma... creó que su aligeramiento; como si todas las funciones animales debieran
ser aceleradas mediante ritmos ligeros, audaces, turbulentos; como si el bronce y el
plomo de la vida debieran olvidar su pesantez gracias al oro, la ternura y la untuosidad
de las melodías. Mi melancolía quiere descansar en los escondites y los abismos de la
perfección: he aquí por qué necesito de la música”.

viernes, 23 de noviembre de 2007

De mi.

No voy a dedicar mas de un Post para mis cosas.
La verdad es que no tengo la intencion de hacer de este blog un lugar para darme a conocer.
Hay gente que dio mayores esfuerzos en fin de cambiar el mundo, gente que yo idolatro, les quiero mostrar quienes fueron los mas interesantes en mi opinion.
Pero para eso estan mis otros posts, aqui solo hay gente normal para el mundo, especial para mi.

Hoy aqui, mis fotos, solo para algunos que me lo pidieron. Por mi, no las subiria.

Voy a poner una breve descripcion en cada foto, correspondiente a ese momento.

Ese soy yo. Un domingo en la fecha mendocina del campeonato argentino de cuatriciclos. Estabamos llegando.


Estos somos mi hermana Cecilia y yo, el dia de la fecha del campenato argentino de cuatriciclos.



Esta es una de esas fotos que nunca salen como las esperaba, pero que sin emabrgo si se las mira desde otro lugar...


Ese soy yo, a la orilla del dique Potrerillos.

El cristianismo, es la forma acabada de la perversión de los instintos que caracteriza al platonismo, reclinándose en dogmas y creencias que permiten que la conciencia débil y esclavizada escape a la vida, el dolor y la lucha, e imponiendo la resignación y la renuncia como virtudes. Son los esclavos y los vencidos de la vida quienes habían inventado el más allá para compensar la miseria; habían inventado valores falsos para consolarse de la imposibilidad de participar en los valores de los señores y de la fortaleza; habían forjado el mito de la salvación del alma porque no poseían el cuerpo; habían creado la ficción del pecado porque no podrían participar de las alegrías terrestres y de la satisfacción plena de los instintos de la vida.


Mis hermanos y yo. En orden de izquierda a derecha: Cecilia, Franco, Fernanda, Yo.




Cecilia y yo.


Fernanda en su locura ordinaria.

Cecilia y Guadalupe. Mi hermana y mi sobrina.


Yo desde otro angulo.



El perfil de la gordita mas hermosa de todas las gorditas.


Madre e hija.


La Familiy rumbo a la apocaliptica civilizacion.

Fernanda Gargiulo, Cecilia Gargiulo. Degustacion de vinos, Familia Zuccardi 2007-

Team Lucha Olimpica Mendoza.
De izquierda a Derecha Arriba : Francisco Gargiulo (yo), Nacho, Bruno, Maxi,Gonzalo, Pablo, Marcos.
De izquierda a Derecha Abajo: Maxi, Profesor Rodrigo Castillo.

Jiu Jitsu Team. Competencia en San Juan. Gente de Tucuman, San Luis, Mendoza, Santa Fe.
Rodrigo Castillo, Francisco Gargiulo.

Este es mi lugar de trabajo, aqui se llevan acabo ideas que no siempre nacen en el mismo lugar.

Esta imagen vale mucho para las personas que en ella existen.


Picun Leufú. En este pueblo hay muchas cosas de valor. 4 mil personas que habitan en el lo saben y estas son algunas de esas. Gente que yo aprecio mucho, peus de ellas aprendi demasiado. Hasta que quizas la moral en pequeñas porciones no es tan mala.



Dia Domingo lejos de la ciudad,
bajo el sol compartiendo entre amigos,
carne asada, pan, agua y vino,
Toro y pampa.


Así como la embriaguez es el juego de la naturaleza con el ser humano, así el acto creador del artista dionisíaco es el juego con la embriaguez. Cuando no se lo ha experimentado en si mismo, ese estado sólo se lo puede comprender de manera simbólica: es algo similar a lo que ocurre cuando se sueña y a la vez se barrunta que el sueño es sueño. De igual modo, el servidor de Dioniso tiene que estar embriagado y, a la vez, estar al acecho detrás de sí mismo como observador. No en el cambio de sobriedad y embriaguez, sino en la combinación de ambos se muestra el artista dionisíaco.



India.

Puente sobre el arroyo Picun Leufu. Secreto.


Pocas cosas materiales en mi vida incentivan emociones como este objeto. Cuantas Historias...


Mi abuelita en su mayor expresion de arte. Su dulce casero.


Lago Exequiel Ramos Mejia en casi su inicio. Picun Leufu, Neuquen.



Puesta de sol. Lago Exequiel Ramos Mejia. Noviembre del 2006.

Esta foto no tiene comentarios.

Reunion familiar, Neuquen. Noviembre del 2006.

Mi vieja.
A veces la idea de doblar en la esquina y volverme un trotamundos me pega fuerte. Imagenes como esta alimentan mi idea.

Arroyo Picun Leufu. Sitio protagonista de muchos de los cuentos de mi acuela, cuentos que no me dejaron dormir en varias ocasiones.

Reunion familiar 2006. Imagen del lugar.


Esta fue la ultima imagen que hoy comparti. Muchas de estas personas son lo que mas quiero. Perdon a las que no estan y merecen estar. No faltara tiempo.